Dificultará un poco la estática de pensar la clínica en un cierto sentido e intentar emprender en este o en su búsqueda. Los psicoanalistas señalan que el encuentro con el paciente permitirá el lugar de una teoría del sujeto, y por qué no, del encuentro. Así, desde un comienzo, dicho encuentro se piensa como sobre un posicionamiento ético. Pero es difícil pensar que el analista sea quien hable de este encuentro. Mas bien, se hace preciso pensarlo, a este, como quien es capaz de dar cuenta de una inmersión; que no tendrá cuenta del posicionamiento subjetivizante de enmarcar unos participantes del encuentro y, claro, tampoco se hará de aquél.
El analista prudente dará cuenta del valor de elaborar sobre la subjetividad y lo situará en la balanza contra el análisis de un encuentro, contra el hablar de una inmersión –claro, porque es muy ético en su labor, pero ¡cuidado! No encantarse con los temores de una inmersión segura. El analista clínico supone un “llegar”, dando cuenta de su posicionamiento ético que, en última instancia, lo lleva a la pregunta por la cura y que, a su vez, los lleva al dilema ético y subjetivista de encuadrar los parámetros de una cura y el paso próximo más seguro para volverse sobre su posibilidad. Pero el psicoanálisis nunca se trató de mantener el síntoma o de aplacarlo con algo más tolerable para los discursos de la contingencia, sino que, ya la lectura más decidida, siempre nos lleva a los caminos de la muerte –y el psicoanálisis ahí como método para hacer de esta muerte algo más tolerable, pero no el mantenimiento del síntoma. Es decir, que lo implícito en la práctica analítica no se trata de los caminos a la cura, ni a cualquier otro lugar, sino de un encuentro y el posibilitar desde un dicho encuentro. El posicionamiento ético –muy éticamente– es algo a superar en el discurrir de la clínica.
Como podemos apuntar, desde ya, no se trata este texto de una imposición ética mayor a una práctica clínica pervertida. No se trata del juego de las posiciones, ni del lugar de ni de la transferencia, sino de un llamado de atención a dar cuenta del carácter de muerte asistida que ofrece esta práctica. Digamos de la clínica, la inmersión de un encuentro, no así de los lugares de.
Pareciera ser que la inquietud de la escucha ética supone una supresión tormentosa de los residuos de un sí-mismo que se prestó a la identificación de muchos analistas; de muchos escuchas. Así, cabe cuestionarse el valor que se podría estar posicionando a la mantención de una clínica ética, dígase de un otro. Después de todo, el advenimiento de la supresión nos invita a morir tanto en la palabra como en lo que esta dijera.
Por Chriss Rauld M.
Falta leer y comprender a Freud y Lacan... es como una sopa de letras con alguna intención difusa de psicoanálisis... El síntoma si se mantiene en neurosis de transferencia, se dirigen los síntomas hacia el analista, no hay un encuentro pk el analista esta fuera en una posición Otra, escuchando desde Otro.
ResponderEliminarDe todas formas, los felicito por la iniciativa...
ResponderEliminarno entendi niuna wea
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